15.02.2021 - Universitat Oberta de Catalunya

Un estudio analiza la publicidad relacionada con el desayuno en los países mediterráneos

Los productos que se anuncian para los niños contienen el triple de azúcar

Los expertos llevan décadas advirtiéndonos del aumento de las tasas de obesidad infantil, que se ha convertido en una epidemia entre las últimas generaciones en muchos lugares del mundo, incluida España. La transición de la dieta mediterránea tradicional al consumo de alimentos procesados de escaso valor nutricional es un factor clave, y la publicidad dirigida a los niños también tiene parte de culpa. Según el estudio Breakfast Food Advertisements in Mediterranean Countries: Contenido de azúcar de los productos en los anuncios de 2015 a 2019, elaborado por la profesora e investigadora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC, Mireia Montaña, la mayoría de los productos para el desayuno que se comercializan para los niños contienen tres veces más azúcar que los dirigidos a los adultos, lo que influye en su elección para una de las comidas más importantes del día.

El estudio, publicado en la revista de acceso abierto Children, ha analizado un total de 355 anuncios de 117 productos diferentes entre 2015 y 2019, y en concreto ha concluido que la cantidad media de azúcar en los productos de desayuno analizados y anunciados para adultos era del 10,25%, cifra que aumenta hasta el 36,20% de media cuando se trata de productos dirigidos a los niños. En otras palabras, las opciones de desayuno que se promocionan para los niños a través de los distintos canales de comunicación son menos saludables que las dirigidas a sus padres. De hecho, si se analiza en términos de los productos más promocionados para el desayuno de los niños, se podría pensar que la mayoría de los niños españoles comienzan su día alimentados por galletas, que representan el 60% de la publicidad relacionada con el desayuno, y los productos a base de chocolate, como las cremas para untar y el chocolate para beber, que representan el 25% de los anuncios.

Según Mireia Montaña, "aunque gran parte de la población adulta sigue adhiriéndose a la dieta mediterránea, es una práctica que está disminuyendo entre los niños y los jóvenes, que optan cada vez más por desayunar productos industriales procesados con alto contenido en azúcar."

Mònika Jiménez, profesora de Publicidad y Relaciones Públicas de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) y coautora de otro estudio en el que participó Montaña, titulado Publicidad de alimentos para el desayuno y prevención de la obesidad: Análisis del valor nutricional de los productos y estrategias discursivas utilizadas en los anuncios de desayunos de 2015 a 2019, advirtió de los peligros de la publicidad persuasiva en relación con los productos alimenticios de bajo valor nutricional. Dijo: "cuanto menos se correlaciona un producto con lo que se consideraría parámetros nutricionales saludables, mayor es la tendencia del discurso publicitario a centrarse en el hedonismo o la felicidad y a tender a la persuasión". Según explicó Jiménez, cuando el discurso alude a las emociones positivas, a la felicidad y a las cosas que ese producto puede ayudarte a conseguir, estimula ciertas áreas del cerebro que nos llevan a consumir, una estrategia que "es especialmente dañina en relación con ciertos públicos, como los menores, porque son muy susceptibles a este tipo de estímulos".

El efecto 'pester power'

Como señala el estudio de Montaña, una de las consecuencias de las campañas publicitarias que comercializan productos para el desayuno dirigidos a los niños es el aumento de la cantidad de alimentos procesados que se compran como opciones de desayuno para los niños y que luego acaban siendo consumidos por toda la familia. Se trata de un fenómeno conocido como "pester power", que se define como "la influencia de los niños en los hábitos de compra de sus padres", explica Montaña, que también es investigadora del grupo GAME - CNM (Aprendizaje, Medios y Entretenimiento; Comunicación y Nuevos Medios) de la UOC. Añadió que "los niños tienden a pedir cosas con insistencia, de manera que sus padres acaban cediendo y comprando productos alimenticios con mucha publicidad o que tienen algún componente extrínseco que atrae a los niños pero que tienen muy poco valor nutricional".

El estudio de los profesores Montaña y Jiménez constató que el canal de comunicación más utilizado para convencer a los consumidores de la compra de estos productos de baja calidad nutricional fue la televisión. Según su análisis, la televisión acapara el 39% de la publicidad de productos para el desayuno, mientras que la radio se sitúa en el 28%, Internet en el 18%, los periódicos en el 6%, las revistas en el 5%, la publicidad exterior en el 2% y el cine en el 0,56%. "La televisión es el medio más eficaz a la hora de persuadir a los niños. ¿Y cuándo es que los niños van al supermercado con sus padres y acaban imponiendo sus preferencias respecto a lo que va en el carro de la compra? Precisamente cuando son más pequeños, hasta la preadolescencia", señaló Jiménez.

Los dos expertos destacaron una serie de estrategias relacionadas con la publicidad que podrían aplicarse para promover hábitos alimentarios saludables que prevengan la obesidad infantil. La primera es restringir la publicidad de ciertos alimentos poco saludables que, como subrayó Montaña, "se dirigen a niños pequeños que aún no han desarrollado su capacidad de pensamiento crítico". España ya cuenta con un marco normativo que se implantó hace 15 años en el marco de la Estrategia NAOS (Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad), que dio lugar a la elaboración del Código PAOS para la regulación de la publicidad dirigida a los menores que promoviera la obesidad infantil. Sin embargo, el código sólo contempla aquellos productos que se dirigen exclusivamente a los niños. Como explicó Jiménez "[E]l chocolate para beber es un producto que también es perfectamente aplicable a los adultos y, por tanto, no está sujeto al código. Además, estos anuncios no siempre se emiten exclusivamente en horario infantil restringido, lo que constituye otra táctica que puede utilizarse para eludir la normativa."

Además de la necesidad de un marco normativo más estricto, se podrían poner en marcha otras acciones que ayuden a reducir los niveles actuales de obesidad infantil, entre ellas, "una educación eficaz sobre el tema de la nutrición en general, tanto para los padres como para los niños". "Otra política que podría funcionar bien sería aumentar el tipo de IVA de determinados productos, como ya se ha hecho en el caso de los refrescos", sugiere el profesor de la UOC, que concluye recordando que un niño obeso es susceptible de convertirse en un adulto obeso.

Nota: Este artículo ha sido traducido utilizando un sistema informático sin intervención humana. LUMITOS ofrece estas traducciones automáticas para presentar una gama más amplia de noticias de actualidad. Como este artículo ha sido traducido con traducción automática, es posible que contenga errores de vocabulario, sintaxis o gramática. El artículo original en Inglés se puede encontrar aquí.

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