14.10.2021 - University of Southern Denmark - Syddansk Universitet

Cómo eliminar los pesticidas del agua potable

Empecemos por constatar un hecho: ningún agua potable está completamente limpia, y no tiene sentido esforzarse por conseguir un agua potable completamente limpia. El agua que sacamos del grifo en Dinamarca, y que en otros países se compra en el supermercado, siempre ha contenido y contendrá una miríada de metales, sustancias químicas y a menudo también organismos de una u otra forma.

Lo importante es que esté en una forma y alcance inofensivos para nosotros. Por tanto, el gran reto no es mantener el agua potable completamente limpia, sino garantizar que no esté contaminada y sea segura para beber.

Ni que decir tiene que las ratas muertas, las hojas podridas, los residuos industriales y las toxinas no deben estar en el agua potable. Del mismo modo, nadie quiere que haya residuos de pesticidas, de hormonas o de otras sustancias químicas, pero a menudo pueden detectarse en el agua, lo que lleva a discutir si las concentraciones son peligrosas o insignificantes.

Centrarse en la microcontaminación

- Cada vez somos más capaces de encontrar concentraciones cada vez más pequeñas de sustancias químicas en el agua. De hecho, hay muchos residuos de productos farmacéuticos, pesticidas, cosméticos y jabón. Como estas concentraciones son tan diminutas, se denominan microcontaminación, explica James Mcpherson, postdoctoral del Departamento de Química, Física y Farmacia de la SDU.

Y profundiza en ello:

- Aunque no supongan una amenaza directa e inmediata, desconocemos los efectos a largo plazo de la exposición a ellas. Por eso me interesa desarrollar métodos para eliminar la microcontaminación del agua potable.

James McPherson es químico de la SDU y, junto con, entre otros, la profesora Christine McKenzie (también de la SDU), ha desarrollado un nuevo método para eliminar la microcontaminación del agua. El método se describe en la revista científica Journal of the American Chemical Society.

El cloro no puede con todo

Tradicionalmente, gran parte del agua potable se purifica con cloro. El objetivo de la desinfección con cloro es matar todos los microorganismos del agua para evitar que transmita enfermedades. Y funciona con gran eficacia.

- Sin embargo, el cloro no está diseñado para resolver el problema de la microcontaminación, explica McPherson.

La idea que subyace a la nueva técnica de los investigadores es tan sencilla como compleja: la gran mayoría de la microcontaminación está basada en el carbono. Así que, en principio, es "sólo" cuestión de destruir todas las moléculas de carbono del agua.

- Por desgracia, a menudo se necesitan más recursos y se crea más contaminación para romper las moléculas de carbono del agua, por lo que se acaba peor que antes de empezar, al menos en términos de recursos, explica James McPherson.

Del veneno a la sal de cocina inofensiva

No obstante, es un camino que tanto McPherson como muchos otros investigadores están siguiendo. Porque si/cuando se consiga encontrar un eliminador de carbono eficaz, se allanará el camino para una purificación del agua sencilla y barata. El nuevo método del equipo de investigación ha aparecido en la portada de la revista científica en la que se publica, y se califica de "elegante": quizá este mismo método pueda constituir algún día la base de las nuevas técnicas de purificación del agua.

- Al igual que en la purificación tradicional del agua, empezamos utilizando cloro. Dejamos que el cloro mate a los microorganismos, pero luego damos un paso más dejando que el cloro -que ya está presente en el agua- impulse los procesos químicos que, con la ayuda del hierro, deben atacar a las moléculas de carbono, explica McPherson sobre el nuevo método de los investigadores, que difiere así de otros.

Las moléculas de carbono se convierten en CO2, un gas muy criticado en lo que respecta al calentamiento global, pero a este nivel es un gas inofensivo. Además, el cloro se convierte en sal, exactamente el mismo tipo de sal que utilizamos para cocinar. Al final, no hay subproductos tóxicos o peligrosos y el método no implica ningún ingrediente caro. Tras el tratamiento, el agua puede describirse como agua con gas (porque el CO2 crea burbujas en el agua).

McPherson y su equipo han probado la técnica con un veneno de caracol que contiene la sustancia metaldehído. Esta sustancia está prohibida en Dinamarca y otros países porque tarda mucho tiempo en descomponerse: Su vida media es de 17 años.

- Nosotros tardamos una semana en descomponer tres cuartas partes del veneno, dice McPherson.

Eso es mucho más rápido, pero no significa que la tecnología del equipo de investigación vaya a ser adoptada por las plantas de tratamiento y las fábricas de agua de inmediato.

Las plantas de tratamiento están muy lejos

- En primer lugar, la molécula que hemos fabricado para atacar las moléculas de carbono es difícil de producir. En segundo lugar, no es fácilmente reciclable. Y, en tercer lugar, la ampliación de un resultado de laboratorio para su uso en plantas de tratamiento es cualquier cosa menos fácil. Al fin y al cabo, estamos hablando de trabajar con enormes cantidades de agua, dice James McPherson.

Se imagina que las moléculas que destruyen el carbono podrían aplicarse en una planta permanente por la que pasa el agua o quizás en un filtro por el que pasa el agua.

En cualquier caso: Si algún día lo conseguimos, podremos eliminar los residuos de pesticidas, hormonas, productos farmacéuticos y otras sustancias químicas de nuestra agua potable, dejando como únicos subproductos la sal de cocina y el CO2.

Nota: Este artículo ha sido traducido utilizando un sistema informático sin intervención humana. LUMITOS ofrece estas traducciones automáticas para presentar una gama más amplia de noticias de actualidad. Como este artículo ha sido traducido con traducción automática, es posible que contenga errores de vocabulario, sintaxis o gramática. El artículo original en Inglés se puede encontrar aquí.

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