03.12.2021 - Georgia State University

Un aditivo alimentario omnipresente altera la microbiota humana y el entorno intestinal

Una nueva investigación clínica indica que un aditivo alimentario muy utilizado, la carboximetilcelulosa, altera el entorno intestinal de las personas sanas, perturbando los niveles de bacterias y nutrientes beneficiosos. Estos resultados, publicados en Gastroenterology, demuestran la necesidad de seguir estudiando las repercusiones a largo plazo de este aditivo alimentario en la salud.

La investigación fue dirigida por un equipo de científicos del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad Estatal de Georgia, el INSERM (Francia) y la Universidad de Pensilvania. También han contribuido de forma decisiva investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania y del Instituto Max Planck (Alemania).

La carboximetilcelulosa (CMC) es un miembro sintético de una clase de aditivos alimentarios ampliamente utilizados, denominados emulsionantes, que se añaden a muchos alimentos procesados para mejorar su textura y favorecer su conservación. La CMC no ha sido ampliamente probada en humanos, pero se ha utilizado cada vez más en los alimentos procesados desde la década de 1960. Durante mucho tiempo se asumió que la CMC era segura de ingerir porque se elimina en las heces sin ser absorbida. Sin embargo, la creciente apreciación de los beneficios para la salud que aportan las bacterias que normalmente viven en el colon, y que por tanto interactuarían con los aditivos no absorbidos, ha llevado a los científicos a cuestionar esta suposición. En experimentos con ratones se descubrió que la CMC, y algunos otros emulsionantes, alteraban las bacterias intestinales, lo que provocaba una enfermedad más grave en una serie de afecciones inflamatorias crónicas, como la colitis, el síndrome metabólico y el cáncer de colon. Sin embargo, no se había investigado previamente hasta qué punto estos resultados son aplicables a los seres humanos.

El equipo realizó un estudio aleatorio de alimentación controlada en voluntarios sanos. Los participantes, alojados en el lugar del estudio, consumieron una dieta sin aditivos o una dieta idéntica suplementada con carboximetilcelulosa (CMC). Dado que las enfermedades que promueve la CMC en los ratones tardan años en aparecer en los humanos, los investigadores se centraron aquí en las bacterias intestinales y los metabolitos. Descubrieron que el consumo de CMC cambiaba la composición de las bacterias que poblaban el colon, reduciendo determinadas especies. Además, las muestras fecales de los participantes tratados con CMC mostraban una marcada disminución de los metabolitos beneficiosos que se cree que mantienen normalmente un colon sano.

Por último, los investigadores realizaron colonoscopias a los sujetos al principio y al final del estudio y observaron que un subgrupo de sujetos que consumían CMC mostraba bacterias intestinales que invadían la mucosa, lo que se ha observado anteriormente como una característica de las enfermedades inflamatorias del intestino y la diabetes de tipo 2. Por lo tanto, aunque el consumo de CMC no provocó ninguna enfermedad per se en este estudio de dos semanas, en conjunto los resultados apoyan las conclusiones de los estudios en animales de que el consumo a largo plazo de este aditivo podría promover enfermedades inflamatorias crónicas. Por lo tanto, se justifica la realización de más estudios sobre este aditivo.

"Sin duda, desmiente el argumento de 'simplemente pasa' utilizado para justificar la falta de estudios clínicos sobre los aditivos", dijo el Dr. Andrew Gewirtz, de la Universidad Estatal de Georgia, uno de los autores principales del trabajo. Además de respaldar la necesidad de seguir estudiando la carboximetilcelulosa, el estudio "ofrece un modelo general para probar cuidadosamente los aditivos alimentarios en humanos de forma bien controlada", dijo el Dr. James Lewis, coautor principal, de la Universidad de Pensilvania, donde se inscribieron los sujetos.

El autor principal, el Dr. Benoit Chassaing, director de investigación del INSERM de la Universidad de París (Francia), señaló que estos estudios deben ser lo suficientemente amplios como para tener en cuenta un alto grado de heterogeneidad de los sujetos. "De hecho, nuestros resultados sugieren que las respuestas al CMC y probablemente a otros aditivos alimentarios son altamente personalizadas y ahora estamos diseñando enfoques para predecir qué individuos podrían ser sensibles a aditivos específicos", dijo Chassaing.

Este estudio ha sido financiado por los Institutos Nacionales de Salud, el Consejo Europeo de Investigación, la Sociedad Max Planck, el INSERM y la Fundación Kenneth Rainin.

Nota: Este artículo ha sido traducido utilizando un sistema informático sin intervención humana. LUMITOS ofrece estas traducciones automáticas para presentar una gama más amplia de noticias de actualidad. Como este artículo ha sido traducido con traducción automática, es posible que contenga errores de vocabulario, sintaxis o gramática. El artículo original en Inglés se puede encontrar aquí.

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