04.08.2021 - EIT Food iVZW

¿Cuánto cuesta "realmente" la comida?

El cambio climático, la obesidad, el trabajo infantil, la contaminación por plásticos, etc., son problemas y costes que no tenemos en cuenta cuando compramos alimentos. ¿Cómo se pueden integrar estos costes ocultos para que paguemos el precio real de nuestros alimentos y así cubrir totalmente los costes reales de los mismos?

Recientemente, se publicó una noticia sobre un supermercado alemán que pone dos etiquetas de precio en su oferta: una para el precio a pagar en la caja y otra para el "precio real" . Es decir, el precio que tiene en cuenta el impacto social y medioambiental de producir, por ejemplo, una barra de chocolate o un plátano. El supermercado alemán pidió a investigadores de las universidades de Augsburgo y Greifswald que calcularan los costes reales de 16 productos concretos. ¿El resultado? En realidad, el queso Gouda debería ser un 88% más caro, y el kilo de carne picada un sorprendente 173%. En el caso de las frutas y hortalizas, las diferencias no son tan graves: un 19% para los plátanos, un 12% para los tomates y sólo un 6% para las manzanas. La diferencia para los productos ecológicos también es menor, pero incluso en ese ámbito, la carne ecológica tendría que venderse con un enorme sobreprecio del 126% para cubrir todos los costes ocultos. 1,2

¿Cómo se puede calcular el verdadero coste de los alimentos?

Calcular el precio real de un producto es una cuestión compleja porque: Para ello, primero hay que saber qué es lo que hay que tener en cuenta en el cálculo. ¿Factores perjudiciales para el medio ambiente, como las emisiones de CO2 y nitrógeno? La energía consumida, las consecuencias de la sobrefertilización... ¿Y qué pasa con los costes sociales, como las condiciones de trabajo y el trabajo infantil? ¿Cómo se pueden reducir numéricamente estos factores?

Si queremos comparar el precio de consumo de un producto con el precio real, podemos utilizar dos conceptos diferentes: El precio "en la explotación" es el precio al que se puede adquirir el producto directamente del productor, es decir, excluyendo los costes de transporte y entrega facturados por separado.3 Luego están los "costes externos" del cultivo, que forman el "verdadero diferencial de precios". Se trata de los costes de las actividades económicas que no se incluyen en el "precio de la explotación". Los costes externos, si tienen un impacto directo en el medio ambiente, también pueden clasificarse como "costes medioambientales". Sin embargo, si tienen un impacto directo en el bienestar de las personas, se denominan "costes sociales".4

Por cierto, los investigadores alemanes no son los primeros en intentar un cálculo de este tipo: desde hace tiempo, científicos de muy diversas disciplinas buscan la manera de descifrar los costes externos. La organización holandesa True Price, por ejemplo, lleva trabajando en el cálculo de los verdaderos costes de los diferentes productos desde 2012 y ahora es líder mundial con sus herramientas para medir y monetizar los impactos sociales de los productos.

Junto con la Iniciativa de Comercio Sostenible (IDH), True Price ha publicado cuatro estudios de revisión sobre los verdaderos costes del café, el cacao, el algodón y el té, proporcionando una lista clara de 14 tipos diferentes de costes externos, divididos entre costes medioambientales y sociales.5

Estos estudios son un buen ejemplo de cómo se pueden calcular los verdaderos costes de los alimentos de forma sencilla. El hecho de que cada uno de los cuatro productos alimentarios estudiados obtuviera una puntuación diferente en estos 14 aspectos pone de manifiesto que el verdadero coste de un producto no tiene por qué depender siempre de los mismos factores. Por ejemplo, el coste real de un determinado producto alimentario puede estar vinculado a los costes medioambientales, mientras que los de otros productos pueden depender a su vez de los costes sociales asociados al trabajo manual.

El verdadero precio del cacao

Si nos fijamos en el cacao cultivado en Costa de Marfil, encontramos que el precio calculado del cacao en grano convencional es de 7,10 euros/kg. Se trata de la suma del precio en finca (1,35 euros/kg de cacao en grano) y los costes externos de cultivo o diferencial de precio real (5,75 euros/kg de cacao en grano). El verdadero diferencial de precios en este caso es más de cuatro veces superior al precio de la explotación del cacao en grano, lo que demuestra una vez más que la explotación tiene enormes costes ocultos en lo que respecta al precio de mercado.

Los costes sociales representan el 84% del total de los costes externos del cultivo del cacao. Por otro lado, los costes medioambientales son relativamente bajos, sobre todo por el escaso uso de pesticidas y fertilizantes y el bajísimo o nulo consumo de agua y energía en el cultivo. Por otro lado, el coste real del café de Vietnam viene determinado en gran medida por factores medioambientales como el uso del agua y la contaminación. Como puede ver, es relativamente difícil saber cuánto debe costar un producto. Pero si trabajamos en ello paso a paso, con el tiempo podemos desarrollar definitivamente una comprensión de lo que realmente deberíamos pagar por una taza de café o una barra de chocolate.6

¿Por qué es importante conocer el verdadero coste de los alimentos?

Muy bien, ahora entendemos, al menos hasta cierto punto, cómo se compone el coste real. Pero, ¿por qué es importante saber cuánto debemos pagar por un determinado producto? La razón que aduce el supermercado alemán para mostrar los costes reales junto al precio de mercado es la de concienciar a sus clientes.7 Pero, según True Price, esa no es la única razón por la que es crucial trazar todos estos costes adicionales.

"La intención de True Price es gestionar el riesgo, impulsar la innovación y reducir los costes medioambientales y sociales mediante una mayor transparencia a lo largo de la cadena de suministro de un producto".

En otras palabras, la información proporcionada de este modo no sólo beneficia a los consumidores finales, sino también a las empresas, ya que al conocer los costes externos pueden mejorar el impacto medioambiental y social de sus operaciones y de su cadena de suministro, y desarrollar así alternativas de producción más sostenibles y rentables.8

Pero, ¿cómo podría aplicarse esta información para influir realmente en la producción y el consumo de alimentos?

Un caso para el impuesto sobre el carbono:

Dado que es poco probable que las empresas afectadas cambien por sí mismas a la producción sostenible, los científicos alemanes aconsejan la introducción de un impuesto sobre el CO2. Esto ayudaría a distribuir los costes de tal manera que todos los participantes a lo largo de la cadena de valor paguen su parte. Esto permitiría a las empresas decidir si repercuten los costes externos -es decir, los costes reales de producción que soportan ellas mismas- a los consumidores o intentan eliminar estos costes. Un impuesto sobre el CO2 significaría también que las empresas contaminantes tendrían que pagar más, mientras que las empresas que invierten en una producción más ecológica recibirían un trato preferente.9

El estudio alemán lo demuestra: Si pagáramos por los verdaderos costes de los productos, los alimentos ecológicos resultarían a la larga más baratos que los producidos de forma convencional, ya que el verdadero diferencial de precios se reduce debido a los costes externos de los productos ecológicos, que apenas son significativos.

Lo mismo ocurre con los productos de "comercio justo", que suelen ser un poco más caros, pero tienen un diferencial de precio mucho menor porque sus costes externos -como los de los productos ecológicos- ya se reflejan en la cadena de producción. Como muestra un estudio publicado en 2017 por True Price y la organización británica Trucost, los plátanos de "Comercio Justo" tienen un 45% menos de costes que la media del sector.10 Esto se debe a que el Comercio Justo paga a los agricultores un mejor precio a pie de finca por sus productos.

Así, con la ayuda de este impuesto, los productos más baratos se convertirían de repente en increíblemente caros. Por supuesto, un impuesto sobre el carbono no sería fácil de aplicar en nuestro mundo globalizado. Al fin y al cabo, se necesitaría una nueva legislación internacional si quisiéramos subir el listón para todos.11

Cómo los supermercados están concienciando al público en general de los verdaderos costes:

Aunque es difícil hacer evolucionar el sistema alimentario hacia un precio justo, cada vez surgen más experimentos como el del supermercado alemán. Por ejemplo, el supermercado sueco The Carbon Store fue el primero del mundo en introducir un impuesto sobre el carbono para que sus clientes fueran más conscientes del impacto de sus decisiones de compra de alimentos, con el CO2 como "moneda de cambio": quienes compran en esta tienda tienen un presupuesto semanal de 18,9 kg de dióxido de carbono. Al mismo tiempo, los alimentos con un alto impacto de dióxido de carbono -por ejemplo, los productos animales- son más caros que sus homólogos vegetarianos. La empresa cree que este enfoque abrirá los ojos de muchos sobre cómo ciertas decisiones de compra afectan a su propia huella de carbono. La esperanza que hay detrás de esto es que proporcionar un "presupuesto de la huella" reducirá el impacto climático del contenido del carrito de la compra a la mitad.12 En comparación, un supermercado danés ha introducido una aplicación que muestra a los clientes la huella de carbono estimada de sus productos.13 Además, muchas otras marcas han anunciado planes para añadir información sobre la huella de carbono a sus productos.14

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  1. Andreas Krämer (2020). PENNY etiqueta sus primeros productos con "precios reales". Grupo REWE. Consultado el 10 de noviembre de 2020.
  2. Anne-Sophie Brändlin (2020). Por qué los comestibles baratos nos perjudicarán a todos a largo plazo. DW. Consultado el 1 de octubre de 2020.
  3. Glosario de términos estadísticos. Precio de la puerta de la granja. OCDE. Consultado el 18 de noviembre de 2020.
  4. Vincent Fobelets, Adrian de Groot Ruiz. El verdadero precio del cacao de Costa de Marfil (2016). Informe conjunto de IDH y True Price. Consultado el 1 de octubre de 2020.
  5. Vincent Fobelets, Adrian de Groot Ruiz. El verdadero precio del cacao de Costa de Marfil (2016). Informe conjunto de IDH y True Price. Consultado el 1 de octubre de 2020.
  6. Leonardo Verkooijen, Adrian de Groot Ruiz, Vincent Fobelets. El verdadero precio del café de Vietnam (2016) Informe conjunto de IDH y True Price. Consultado el 1 de octubre de 2020.
  7. El coste real de nuestra alimentación (2020) MISEREOR. Consultado el 10 de noviembre de 2020.
  8. El coste externo de la producción de plátanos: un estudio global. Fairtrade International. Consultado el 18 de noviembre de 2020.
  9. Jelle Goossens. Los precios de nuestros productos son los mismos. Eos Tracé (2018). Consultado el 1 de octubre de 2020.
  10. Mandy Parrett. Nueva revista de alimentación. La nueva tienda en Suecia pone precio a los bienes en función de las emisiones de carbono (2020). Consultado el 10 de noviembre de 2020.
  11. Ali Withers. Comprobando el clima mientras te vas (2020) Washington Post. Consultado el 10 de noviembre de 2020.
  12. Agata Wolk-Lewanowicz. Etiquetado de la huella de carbono: una tendencia creciente entre las empresas de bienes de consumo (2020). ICIS. Consultado el 18 de noviembre de 2020.

Nota: Este artículo ha sido traducido utilizando un sistema informático sin intervención humana. LUMITOS ofrece estas traducciones automáticas para presentar una gama más amplia de noticias de actualidad. Como este artículo ha sido traducido con traducción automática, es posible que contenga errores de vocabulario, sintaxis o gramática. El artículo original en Alemán se puede encontrar aquí.

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