Herramientas moleculares de precisión contra el hambre oculta
Biofortificación mediante edición genómica: el objetivo es que los cultivos sean más resistentes al cambio climático y más ricos en nutrientes
Más de dos mil millones de personas en todo el mundo sufren carencias de micronutrientes, lo que también se conoce como «hambre oculta». La razón: a lo largo de milenios, nuestros cultivos se han seleccionado principalmente para obtener mayores rendimientos. Su capacidad para producir vitaminas y enriquecerse con oligoelementos se ha descuidado en gran medida. Un nuevo artículo publicado en la revista científica NATURE muestra cómo los últimos avances en ingeniería genética pueden contribuir a mejorar la calidad nutricional de importantes cultivos básicos y a reforzar su resiliencia frente al cambio climático.
Más de 700 millones de personas sufren de déficit calórico —el hambre «clásica»—, pero más de dos mil millones de personas se ven afectadas por el «hambre oculta», debido a la falta de micronutrientes esenciales, como vitaminas y minerales. El cambio climático agrava aún más esta crisis, ya que reduce la calidad nutricional de importantes cultivos. La «Revolución Verde» de la década de 1960 aumentó considerablemente el rendimiento de muchos cultivos, pero a menudo lo hizo a costa de la calidad nutricional. Hasta ahora, los métodos de mejora genética convencionales se han topado con sus límites a la hora de resolver este problema, especialmente en lo que se refiere a aumentar el contenido vitamínico de las plantas.
Los autores del artículo —Dominique Van Der Straeten, de la Universidad de Gante, Alisdair Fernie, del Instituto Max Planck de Fisiología Vegetal Molecular, y sus colegas— describen cómo CRISPR-Cas y otras tecnologías genéticas afines pueden mejorar de forma selectiva el contenido de vitaminas y minerales de los cultivos. Al mismo tiempo, estos métodos podrían aumentar la resistencia de las plantas frente al estrés climático, como la sequía, la salinización del suelo o las inundaciones.
Ya existen ejemplos de estos avances: entre ellos se encuentran el «arroz dorado», rico en provitamina A; el arroz y las patatas con un mayor contenido de ácido fólico; y los tomates modificados genéticamente con más vitamina D. Estas innovaciones podrían contribuir a cubrir mejor las necesidades diarias de nutrientes esenciales a través de los alimentos básicos.
Los autores y autoras subrayan que el bioenriquecimiento mediante tecnologías genéticas puede ofrecer una solución rentable y a largo plazo. Tiene el potencial de llegar rápidamente a los grupos de población especialmente vulnerables y de reducir la desnutrición a nivel mundial. De cara al objetivo de las Naciones Unidas de acabar con el hambre en el mundo para 2030, unas normativas coordinadas a nivel internacional y basadas en conocimientos científicos podrían apoyar la introducción de cultivos modificados genéticamente. Las regiones más afectadas por el hambre y el cambio climático serían las que más se beneficiarían de ello.
La sensibilización, el diálogo con la ciudadanía y la cooperación internacional son fundamentales para preservar la biodiversidad, tanto en los cultivos como en los ecosistemas naturales, y para que, al mismo tiempo, el mayor número posible de personas pueda beneficiarse de las innovaciones en el fitomejoramiento moderno.
Nota: Este artículo ha sido traducido utilizando un sistema informático sin intervención humana. LUMITOS ofrece estas traducciones automáticas para presentar una gama más amplia de noticias de actualidad. Como este artículo ha sido traducido con traducción automática, es posible que contenga errores de vocabulario, sintaxis o gramática. El artículo original en Alemán se puede encontrar aquí.