La dimensión social de los hábitos alimentarios
Una psicóloga de Mannheim demuestra que los contextos sociales influyen en los hábitos alimenticios más de lo que se creía hasta ahora
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En un reciente artículo de revisión, la profesora Jutta Mata, psicóloga especializada en salud de Mannheim, cuestiona las investigaciones realizadas hasta la fecha, que consideran los hábitos alimentarios principalmente como una actividad individual. Aboga por que, en el futuro, se analicen las comidas en su contexto social y por que las medidas para una alimentación más saludable se orienten según este enfoque. El artículo se publicó en *Nature Reviews Psychology*.
El tema de la alimentación supone un gran reto de nuestro tiempo, tanto para la salud individual y pública como para la «salud» de nuestro planeta. En los últimos años se han llevado a cabo numerosos programas de intervención para animar a las personas a adoptar una alimentación más saludable y basada en mayor medida en los vegetales. «Estos programas, en su mayoría, no han alcanzado sus objetivos. Mi hipótesis es que esto se debe a que se ha concebido la alimentación como una actividad individual, a pesar de que también tiene un fuerte componente social», afirma la profesora Jutta Mata, de la Universidad de Mannheim.
En un artículo reciente publicado en la revista *Nature Reviews Psychology*, esta psicóloga de la salud sostiene que la alimentación cumple una función social fundamental y que siempre ha estado integrada en contextos sociales. «Comer es mucho más que una necesidad física básica», afirma Mata. La alimentación, y en particular las comidas compartidas, tienen numerosas dimensiones: pueden ser una fuente de alegría, se basan en la confianza —por ejemplo, cuando consumimos platos que ha preparado otra persona—, tienen un carácter ritual, están marcadas por la cultura y pueden reforzar el sentido de pertenencia a un grupo —por ejemplo, a través de las normas alimentarias religiosas o de una dieta vegetariana—.
Algunos aspectos sociales de la alimentación ya se han estudiado a fondo. Los estudios muestran, por ejemplo, que las comidas familiares en común tienen un efecto positivo en el peso de los niños y adolescentes e influyen en su bienestar: los días en que compartían la comida, los encuestados se sentían más felices y menos estresados. Además, las comidas en común pueden incluso mitigar los efectos de los conflictos dentro de la familia. «Esto es solo un ejemplo, pero los hábitos alimentarios son importantes para tantos aspectos de la salud que su comprensión psicológica reviste una enorme importancia».
Mata propone desarrollar nuevos enfoques metodológicos y recurrir cada vez más a métodos modernos, como las tecnologías de sensores y la detección de proximidad basada en Bluetooth. «Los estudios experimentales en contextos sociales naturales son escasos, y solo unos pocos se centran en otros grupos relevantes, como hermanos, compañeros de la misma edad o colegas. También serían útiles los enfoques que abarquen todo el ciclo vital y que investiguen cómo evoluciona la influencia de los contextos sociales en los hábitos alimentarios a lo largo del tiempo». Mata está convencida: «Si empezamos a investigar los hábitos alimentarios en su contexto social natural, podremos desarrollar intervenciones más eficaces para una alimentación más saludable, tanto para las personas como para el planeta».
Nota: Este artículo ha sido traducido utilizando un sistema informático sin intervención humana. LUMITOS ofrece estas traducciones automáticas para presentar una gama más amplia de noticias de actualidad. Como este artículo ha sido traducido con traducción automática, es posible que contenga errores de vocabulario, sintaxis o gramática. El artículo original en Alemán se puede encontrar aquí.