Los investigadores han descubierto que la fructosa envía al cerebro una señal de saciedad más débil que la glucosa

Los resultados arrojan luz sobre cómo el tipo de azúcar influye en lo que decidimos comer y en la cantidad que consumimos

15.06.2026
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Investigadores del Monell Chemical Senses Center han descubierto que la fructosa y la glucosa, azúcares habituales en la dieta, a pesar de tener el mismo contenido calórico, se comunican con el cerebro a través de vías intestinales-cerebrales diferentes, una diferencia que podría influir en nuestras preferencias alimentarias y de bebidas.

En ratones, el equipo identificó una vía de señalización específica entre el intestino y el cerebro a través de la cual la fructosa se comunica con el cerebro y descubrió que es mucho menos eficaz que la glucosa a la hora de reducir la actividad de las neuronas relacionadas con el hambre. Sus hallazgos se publicaron el 10 de junio en la revista Neuron.

«Este trabajo contribuye a nuestra creciente comprensión de cómo las dietas modernas, especialmente aquellas con alto contenido en fructosa o jarabe de maíz con alto contenido en fructosa, interactúan con los sistemas neuronales implicados en el apetito», afirmó la autora principal y miembro del Monell, la Dra. Amber Alhadeff.

Al registrar la actividad neuronal en ratones, los investigadores observaron que la fructosa provocaba un aumento de la hormona intestinal PYY, que a su vez actuaba a través del nervio vago para inhibir moderadamente las neuronas de la proteína relacionada con el agouti (AgRP), unas células cerebrales clave que contribuyen a generar el hambre. La interrupción de esta vía bloqueó el efecto de la fructosa sobre esas neuronas. Por el contrario, la glucosa no dependía de esta misma ruta del nervio vago PYY-Y2, según los investigadores, y provocó una fuerte supresión de la actividad de las neuronas AgRP.

El equipo descubrió que, aunque ambos azúcares tenían efectos similares a corto plazo sobre la cantidad que comían los ratones, los animales desarrollaban preferencias alimentarias vinculadas al nivel de inhibición de la AgRP asociado a cada azúcar.

El equipo también analizó el jarabe de maíz con alto contenido en fructosa (HFCS), un aditivo alimentario común que contiene una mezcla de fructosa y glucosa. Los ratones prefirieron el JMAF, y este inhibió las neuronas AgRP con mayor intensidad que la fructosa sola. Esto podría ayudar a explicar por qué a algunas personas les resultan especialmente apetecibles los alimentos y bebidas que contienen JMAF, según los investigadores.

Los hallazgos cuestionan la idea arraigada de que las neuronas AgRP relacionadas con el hambre controlan la ingesta calórica independientemente de la fuente de nutrientes. En cambio, este estudio sugiere que estas neuronas distinguen entre los azúcares y responden a ellos a través de diferentes vías biológicas. Aunque la fructosa y la glucosa contienen la misma cantidad de calorías, los cerebros de los animales no las trataron por igual. Estos nuevos resultados ilustran la complejidad de la detección de nutrientes: incluso los azúcares simples pueden influir de manera diferente en el intestino, el cerebro y nuestro comportamiento.

Nota: Este artículo ha sido traducido utilizando un sistema informático sin intervención humana. LUMITOS ofrece estas traducciones automáticas para presentar una gama más amplia de noticias de actualidad. Como este artículo ha sido traducido con traducción automática, es posible que contenga errores de vocabulario, sintaxis o gramática. El artículo original en Inglés se puede encontrar aquí.

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