Los hombres comen más carne que las mujeres desde hace 10.000 años en Europa

La brecha de género en el consumo de carne persistió en todas las épocas de la Europa preindustrial

13.04.2026
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El acceso a alimentos nutritivos es un pilar fundamental del éxito humano, pero ese acceso ha sido desigual a lo largo de la historia. En las sociedades europeas preindustriales, la carne era un alimento muy codiciado, y el acceso a ella solía estar relacionado con un estatus social más elevado.

Las proporciones de isótopos de carbono y nitrógeno en el colágeno de los huesos humanos pueden aportar datos sobre lo que comía una persona. Las proporciones de isótopos de nitrógeno reflejan la cantidad de carne que comía una persona, mientras que las proporciones de isótopos de carbono revelan qué proporción de las plantas que comía utilizaban la vía de fotosíntesis de fijación del carbono C4, de lo que se puede deducir la cantidad de mijo de bajo estatus y de alimentos marinos de estatus variable que puede haber consumido una persona. Sin embargo, es difícil comparar las proporciones isotópicas de un lugar a otro, ya que el uso de abono, las distintas condiciones climáticas y la desnutrición pueden cambiar el contexto en el que se interpretan los valores brutos.

Rozenn Colleter, Michael P. Richards y sus colegas sortean esta dificultad utilizando la relación interdeciliar. El ratio interdecil comparan el umbral por encima del cual se sitúa el 10% de los valores más altos con el umbral por debajo del cual se sitúa el 10% de los valores más bajos. El resultado es una medida de lo extrema que es la desigualdad, no las propias proporciones isotópicas locales. Utilizando esta herramienta, los autores examinaron la proporción de individuos masculinos y femeninos en diferentes deciles de consumo de carne y mijo y/o alimentos marinos para 12.281 adultos de 673 yacimientos europeos durante un periodo de 10.000 años.

Los autores hallan un sesgo masculino persistente en los deciles de mayor consumo de carne en todas las épocas. Las primeras sociedades agrícolas (neolíticas) fueron las más igualitarias, aunque mostraron importantes disparidades de género en el acceso a las proteínas animales. Según los autores, los resultados subrayan la persistente desigualdad en el acceso a las proteínas animales en Europa durante los últimos 10.000 años. Estas desigualdades pueden tener su origen en tabúes alimentarios, creencias cosmológicas, percepciones erróneas de las necesidades proteínicas de las mujeres o normas sociales que sitúan las necesidades de los hombres por encima de las de las mujeres.

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