Un robot comestible con ojos y voz: ¿cuándo dudamos en comérnoslo?

Unos investigadores japoneses utilizaron un agente a base de gelatina para estudiar cómo el comportamiento social influye en la reticencia y el sentimiento de culpa a la hora de comer.

26.06.2026

Un grupo de investigación dirigido por el profesor asociado Yoshihiro Nakata, de la Escuela de Posgrado de Informática e Ingeniería de la Universidad de Electrocomunicaciones de Japón, en colaboración con investigadores de la Universidad de Doshisha y de la Universidad Otemon Gakuin, ha desarrollado un agente comestible capaz de interactuar socialmente mediante vocalizaciones y movimientos. Su estudio analizó la percepción mental de este agente comestible y su relación con la reticencia a comer y el sentimiento de culpa. La investigación se publicó en PLOS ONE.

Yoshihiro Nakata / University of Electro-Communications

Agente comestible utilizado en este estudio. El agente comestible se elaboró con materiales comestibles y se diseñó para balancearse de un lado a otro al ritmo de las vocalizaciones.

Comprender la aceptación psicológica de los alimentos es importante para estudiar las culturas alimentarias, las fuentes alternativas de alimentos y los alimentos novedosos. Las barreras psicológicas para la aceptación de los alimentos pueden surgir de creencias e impresiones previas sobre un objeto, y se ha demostrado que percibir una mente en un objeto influye en el juicio ético. Sin embargo, investigar experimentalmente temas éticos relacionados con la alimentación utilizando animales reales resulta difícil debido a las restricciones éticas y a la dificultad de controlar su aspecto y comportamiento.

Para abordar esta cuestión, el grupo de investigación propuso un marco experimental que utiliza agentes comestibles. Los agentes comestibles son objetos artificiales fabricados con materiales comestibles que pueden diseñarse y controlarse en cuanto a su aspecto, movimiento y vocalizaciones. El agente comestible utilizado en este estudio se basaba en un robot comestible accionado neumáticamente desarrollado previamente por el grupo de investigación. La parte comestible se elaboró con gelatina, azúcar, carbonato cálcico y zumo de manzana al 100 %, y se diseñó con ojos y brazos para facilitar la interacción social. Un altavoz situado debajo del agente comestible reproducía vocalizaciones, mientras que el aire comprimido hacía que la parte comestible se balanceara de un lado a otro en sincronía con el audio.

Para examinar cómo perciben las personas este tipo de agentes comestibles, el grupo de investigación llevó a cabo una encuesta en línea utilizando vídeos. Los participantes vieron primero un vídeo en el que se mostraba cómo se elaboraba la parte comestible del agente, en el que se hacía hincapié en que estaba hecha con ingredientes comestibles conocidos y que se podía comer. A continuación, vieron dos vídeos en los que se mostraba a los agentes comestibles interactuando con una persona. En uno de los vídeos, el agente comestible respondía de forma racional a las inquietudes de una persona en japonés. En el otro vídeo, el agente comestible reaccionaba ante una mano y unos juguetes con vocalizaciones similares a las de un bebé, expresando alegría, miedo, enfado y tristeza. Los participantes evaluaron a los agentes comestibles mediante 18 ítems de percepción mental y también valoraron su reticencia anticipada a comerlos y el sentimiento de culpa que tendrían si se les obligara a hacerlo.

El análisis final incluyó las respuestas de 1.094 participantes. El análisis factorial extrajo dos dimensiones de la percepción mental: la «Agencia», relacionada con capacidades como el autocontrol, la moralidad, la planificación y el pensamiento; y la «Experiencia», relacionada con sensaciones y emociones como la alegría, el miedo, el dolor y la rabia. El agente comestible que respondía de forma racional se percibía como poseedor de una mayor «Agencia», mientras que el agente comestible con vocalizaciones similares a las de un bebé se percibía como poseedor de una mayor «Experiencia». Estos resultados indican que las diferentes vocalizaciones y comportamientos pueden modular la percepción mental de un agente comestible.

El estudio también examinó la relación entre la percepción mental y la reticencia anticipada a comer o la culpa. Aunque las diferentes vocalizaciones y comportamientos modulaban la percepción mental de los agentes comestibles, no se encontró una relación clara entre la percepción mental y la reticencia a comer ni con la culpa. Estos resultados indican que se necesitan más estudios para aclarar cómo se relaciona la percepción mental con las respuestas psicológicas asociadas al consumo de agentes comestibles.

Este estudio ofrece una nueva herramienta experimental para investigar la percepción humana en la interacción entre el ser humano y los alimentos, así como los aspectos psicológicos y éticos de la alimentación. Dado que los agentes comestibles pueden diseñarse y controlarse intencionadamente en cuanto a su apariencia, movimiento y vocalizaciones, pueden proporcionar una nueva forma de examinar cuestiones que resultan difíciles de estudiar utilizando animales reales. Partiendo de este marco, los estudios futuros deberían investigar las respuestas humanas en condiciones más realistas, incluyendo el consumo real y los comportamientos autónomos durante la ingesta de alimentos.

Nota: Este artículo ha sido traducido utilizando un sistema informático sin intervención humana. LUMITOS ofrece estas traducciones automáticas para presentar una gama más amplia de noticias de actualidad. Como este artículo ha sido traducido con traducción automática, es posible que contenga errores de vocabulario, sintaxis o gramática. El artículo original en Inglés se puede encontrar aquí.

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